4 de diciembre de 2007

El Bosque ( II ) Parte 5

Parte 5: El Campanario

En una casa en las afueras del pueblo y cercana al bosque, dormían el matrimonio Gresco. Ella, María, dormía agitadamente debido a la desaparición de su hijo Claudio. Él, Manuel, soñaba con unos ojos, unos ojos que conocía y que los había visto al mediodía al salir del bar. Pero no recordaba a quien le pertenecían.

La campana del pueblo sonó una vez. Manuel se desveló y miró el reloj: las 2:20 de la madrugada. Se levantó de la cama sin despertar a su mujer, y salió de su habitación al jardín de atrás. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Miró al cielo, enrojecido por la tormenta que se avecinaba, sin verlo, su mente divagaba entre sus preocupaciones.

Una voz sonó a sus espaldas:

-¿Te acuerdas de mí?

Entonces, los ojos que le habían intrigado ese día aparecieron en su mente, unidos al rostro de un joven de 19 años que había desaparecido en el bosque por culpa de él y su mujer. Se dio la vuelta para enfrentarse a él.

-Marcos…

-Veo que sí. ¿Te acuerdas también de nuestra última conversación? Me dijiste: no seas tonto, ve al bosque y haz que María te quiera para siempre.

-¿Tienes a Claudio?-preguntó Manuel, temiéndose lo peor.

-No, pero si vas al campanario sabrás donde está.

-¡Hijo de puta! ¿Qué le has hecho?- dijo mientras entraba en casa, cogía el abrigo y salía corriendo hacia la torre.

Dos minutos después, Manuel se hallaba en la base del campanario anexo a la iglesia. La puerta de madera de la torre estaba abierta, forzada.

Entró en el campanario receloso. Estaba oscuro, aún así podía divisar las escaleras. Subió rápido. Cuando iba a salir a la cumbre, un relámpago iluminó su alrededor.

Salió. En la campana había unas manchas rojas, pero su atención se centró en el cuerpo que colgaba de ella. El rugido de Manuel se confundió con el de la tormenta. Cayó arrodillado, llorando por su impotencia. Un arrebato de ira y dolor inundó su ser.

Se puso en pie, desató a su hijo, pálido, despeinado y sucio, con una hendidura en el pecho, y lo tendió en el suelo. Sus lágrimas caían en un goteo incesante.

Examinó entonces la campana, había un mensaje escrito con pintura roja: “Es solo una broma”. Su ira aumentó y con ella se desató la tormenta, las gotas parecían llevar la furia de Manuel.

Antes de bajar miró hacia el bosque, fue en ese momento cuando vio que su casa ardía bajo la lluvia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario