29 de marzo de 2012

Estímulos



Voy a contaros un secreto a voces
De cómo surgieron los primeros dioses
Voy a contaros las necesidades del hombre
Y cómo las suple con excusas mediocres.

De cómo esa mente inteligente se convence
De que existe un ente presidente del presente
                                    [Y juez en la muerte.

Dicen que es un don lo que llamamos razón
Pero está en eterna lucha con la sugestión,
Invadidos de estímulos ridículos.
Incluso lo que nadie escucha
Ejerce su presión en tu opinión
Convirtiéndote en discípulo de su propio dios.

Como en el buen cine
Cambian los colores por grises
Para contar una historia triste
Y jugar al despiste con tu memoria
Tocando la fibra sensible.
¿No lo ves? Está todo estudiado
Cada reacción a cada acción ensayada
Cada sensación a cada nota de piano
Cada mirada de soslayo a un escaparate
Del que pasas de largo casi sin pararte
Para después acordarte de ese objeto que llamó tu atención
Y te entran ganas de comprarlo, no es un disparate.

Reino Profano

Dejo volar libre al pensamiento
Que nade entre los sueños y los anhelos
Que entierre sufrimientos en argumentos
Y corra por el campo como un perro
Olvidando por momentos a su dueño.

Dejo que sienta la brisa de la incoherencia
Un lugar donde la física perdió jurisprudencia
Y la ausencia de un orden es la magia de su esencia
Hábitat de locos y soñadores, aunque nadie lo entienda.

Sólo la mera existencia de este reino profano
Consigue lo que supone escondites de esperanza
Para los miles de Quijotes que huyen de su Sancho Panza.

26 de marzo de 2012

Sin Reglas


Nada es como debería ser
Todo ha cambiado.
Las reglas del juego al que jugamos
Ya no existen,
Las han borrado.
Los espadachines que se batían en duelo
Ahora son pistoleros
Y ahora trileros.

El filo del arma en la garganta
De la víctima doblegada,
Ahora es la bala en la espalda
Sin mirarle a la cara,
Y ahora la mano que engaña
Roba y recibe las gracias.

¿Dónde quedó el pudor
cuando manchan tu honor?
¿Dónde la lealtad
A una antigua amistad?
Se han perdido,
Los valores por el camino
Se han dejado atrás,
Eran lastres para avanzar
Hacia el destino elegido:
Demagógica sociedad
           [en la que vivo.

25 de marzo de 2012

Trozo de papel


Trozo de papel o botón de metal
¿Quién te hizo a ti distinto de todos los demás?
¿Quién te dio a ti el poder sobre la humanidad?
¿Quién te confió las riendas de su libertad?
Nosotros fuimos,
Cadenas de oro construimos
Y nos las pusimos,
Creyendo que eran collares, pulseras,
No vimos los grilletes que nos ataban a la galera.

Esclavos remando al ritmo que marca el mercado,
Cuando el viento a favor es insuficiente
Son nuestros brazos los encargados de hacerle frente,
Mientras la S renegada y la E superinflada
Tocan el ritmo de las remadas.

9 de septiembre de 2011

Parque de Columpios


En el parque, las hojas de los árboles bailan la sintonía que silba el viento. Las farolas despiertan, puntuales en su cita con la noche, la Luna ya estaba esperando y las estrellas llegarán escoltando a la noche.

Aún quedan niños jugando. Hay uno en el columpio meciéndose, sentado en su esponjoso asiento y agarrado a las cadenas forradas de plástico. Cinco más hacen cola para tirarse del tobogán, cuya inclinación y barreras laterales evitan cualquier percance. Dos hermanos se balancean en un balancín de madera sin ninguna astilla y con los bordes biselados. Y en la ruleta, tres amigos intentan marearse sin éxito, pues está diseñada para que no gire muy rápida. Todo ello sobre un suelo acolchado y sin ningún arma peligrosa cerca, como chinos, piedras, palos, cuerdas sueltas (potenciales horcas), excremento de animales, tercas y tornillos al descubierto... Lo más peligroso: un balón de cuero que un imprudente padre había llevado.

Mientras tanto a aquel niño, el que se columpiaba, le había llegado la hora de irse de aquel parque llamado “Infancia”. Iba agarrado a la áspera mano de su padre, disfrutando de la sensación de nube de algodón que le producía aquel suelo.

Salieron a la calle y continuaron por la acera. Tan distraído iba recordando aquella fabulosa tarde, que no vio la losa ligeramente levantada del suelo. Tropezó, la mano que sostenía su padre resbaló y cayó de bruces contra el suelo.

Lloró y lloró. Cuando se recompuso un poco, pudo articular entre espasmos respiratorios:
-¿Por qué este suelo es tan duro?
-Porque éste es de verdad.- sentenció el padre.